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Carcasona y los Castillos Cátaros

Antiguas fortalezas, abadías y ciudades fortificadas invitan al ensueño

Emplazada sobre una loma a orillas del río Aude, Carcasona, es uno de los conjuntos medievales mejor conservados de Europa. La ruta por tierras cátaras recorre un territorio de campos de viñas y de girasoles, y pequeñas villas al pie de solemnes fortalezas. Aquella época de feroces luchas entre la iglesia y la herejía cátara, legó un conjunto de castillos que hoy invitan al ensueño y sirven de hilo conductor para viajar por esta bella región bendecida por la naturaleza.

El perfil del conjunto medieval de Carcassonne, declarado Patrimonio de la Humanidad, se divisa ya desde la carretera a medida que nos acercamos a la ciudad. El doble cinturón de murallas con 26 torres en el exterior y 18 torres en el interior, que protege su casco antiguo, impresiona desde cualquier punto por el que uno se acerque. Es uno de los conjuntos mejor conservados de Europa y en su día dio refugio y protección a los cátaros contra la voluntad del Papa Inocencio III. Estrechas calles de casas medievales, llenas de comercios artesanos, cafés, restaurantes y tiendas de recuerdos, llevan al castillo Condal, del siglo XII y a la basílica de Saint-Nazaire una joya arquitectónica repleta de bellísimas vidreras. Sentarse a comer o cenar en la Cité es todo un placer. En todo el recinto amurallado se encuentran locales y terrazas donde degustar la riquísima gastronomía de la zona, en especial la cassoulet, un guiso de alubias blancas y carne. Paseando por las callejuelas de este museo al aire libre uno no puede sino sentirse caballero o damisela medieval.

Los siglos X y XI vieron como Europa era recorrida por una nueva corriente del catolicismo que predicaba la renuncia a lo material y el amor por el conocimiento puramente espiritual. Era el catarismo, surgido en la ciudad de Albi y defendido por valientes señores feudales cuyos ejércitos se opusieron al poder imperante de la Iglesia católica. Magníficos castillos, soberbias iglesias y ricos palacios son el recuerdo de aquellos fervorosos tiempos y son el hilo conductor de este viaje. La ruta por tierras cátaras recorre un paisaje que serpentea entre cultivos y viñedos, hasta llegar a una de las más bellas y mayores abadías cistercienses de Europa: Fontfroide, construida en el siglo XI. Recorrer su claustro, visitar la iglesia del siglo XII y deleitarse con su jardín será la mejor forma de adentrarse en este viaje por las privilegiadas tierras del sur de Francia. Su máximo rival fue el castillo de Montsegur, icono de la memoria cátara, donde murieron doscientos cátaros en la hoguera por no renunciar a su fe. Otro escenario de duras batallas entre católicos y cátaros fue la aldea de Minervois, rodeada de profundos cañones fruto de la erosión del agua. Una estrecha y empinada carretera conduce hasta el castillo de Peyrepertuse, el más bello ejemplo de la arquitectura militar del Midi medieval y que pasó a manos de Francia en 1240. A escasos once kilómetros aparece el castillo de Quéribus, que refugió a los últimos cátaros hasta su caída en 1255. Cerca se erigen Puilaurens y Puivert otros dos castillos que acogieron a los cátaros durante la cruzada. De entre los bellos pueblos de estas tierras sobresale el deCordes-sur-ciel, encaramado en un rocoso promontorio y rebosante de leyendas sobre los cátaros que cobijó. Pero es en Albi, cuna del catarismo, donde se hacen más patentes las tremendas luchas entre cátaros y católicos. Acabar esta ruta cátara en la ciudad de Albi es una forma de buscar los orígenes. Tal fue la relación de la villa con el movimiento cátaro que a los herejes se les llamaba albigenses. Albi quedó pronto alineada al lado de la Iglesia de Roma y vivió durante el siglo XIII su mayor esplendor. El poder católico se tradujo en la construcción de la Catedral de líneas austeras, ladrillo rojo y con aspecto de fortaleza y el Palacio-fortaleza de la Berbie, que acoge actualmente el Museo Toulouse-Lautrec, dedicado al artista; símbolos de su poder y de su victoria sobre los herejes. Ambos constituyen la Ciudad Episcopal de Albi, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

La ruta bien puede finalizar en la costa mediterránea con la visita al bucólico pueblo marinero de Colliure. Refugio de artistas, la población se asoma al mar custodiada por una bella fortaleza. En su pequeño y romántico cementerio descansan los restos del gran poeta Antonio Machado, que falleció en esta localidad en febrero de 1939 tras huir del horror de la Guerra Civil española.

Sugerencias para disfrutar de la ruta

  • Una agradable caminata por el ** Paseo de las Lizas** de la Cité, que discurre entre el anillo doble de murallas de casi tres kilómetros de longitud y sus 53 torreones.
  • El castillo de Montsegur, símbolo de la resistencia cátara y situado a 1.200 metros de altitud, custodia la leyenda de haber escondido tras sus muros el Santo Grial. Es indispensable subir al castillo, en un paseo de veinte minutos, y visitar el Museo de los Cátaros para entender la filosofía de los denominados Hombres Buenos.
  • En Cordes-sur-ciel hay un tesoro que poco o nada tiene que ver con los cátaros: el Museo del Arte del Azúcar y del Chocolate, creado por Yves Thuriès, elegido dos veces Mejor Maestro Repostero de Francia.
  • Un bonito recuerdo de Albi son los productos de belleza elaborados con Isatis tinctoria, más conocida como hierba pastel, cuya comercialización le valió a la ciudad una gran época de esplendor en el siglo XV.
  • Además de ser la cuna del catarismo, Albi es la ciudad natal del pintor Toulouse-Lautrec, quien cuenta con un interesante museo lleno de artículos personales y varias de sus obras, en el Palacio de la Berbie.
  • La gastronomía de esta zona es rica y enjundiosa. Los platos imprescindibles son los patés de oca o pato, la ensalada de alcachofa con foie, la cassoulet de alubias —parecida a la fabada asturiana— y carne de cerdo o los caracoles a la Languedoc.

Carné de ruta

  • En avión
    Vuelos a Gerona o Toulouse y recoger el coche de alquiler en el aeropuerto.
  • En coche
    Irún-Carcasona: 416 km, pasando por Toulouse.
  • Longitud de la Ruta
    440 km.

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