
Aparcar en las ciudades es misión imposible, en algunas además el ayuntamiento ya se esfuerza, por difícil que parezca, para que sea aún más complicado. Antes lo hacían en privado y ahora, incluso presumen en público de “lo molesto” que les resulta que los coches, se desplacen de un sitio para otro. De bajar el impuesto de circulación, no dicen nada, pero al coche tratan de arrinconarlo como si fuera un apestado.
Ahora fomentan el loable uso de la bicicleta, ideal para muchas personas, no todas ni algunos recorridos, muchos de nuestros barrios están en cuesta que solo los repartidores de Globo son capaces de remontarlas. Además algunos días, como estas pasadas semanas, la lluvia y el viento en ocasiones superior a los 100 km/hora no hacen demasiado atractivo el desplazamiento en bici, pero como ocurre con los vehículos particulares, las bicicletas también tienen sus problemas, por ejemplo el de aparcamiento. Solo con ir un día de verano a las playa y ver las bicicletas aparcadas en los bancos, los árboles y hasta en la propia e icónica barandilla de La Concha, es suficiente. los usuarios denuncias falta de estacionamientos apropiados.
Como será el problema que la encargada de los W.C. públicos situados en la Plaza Pinares, del barrio donostiarra de Gros, se ha visto en la necesidad de colocar un cartel de “Prohibido aparcar bicis” y por si esto no fuera poco “Aviso grúa”. La desordenada movilidad de las ciudades es un hecho, se mire por donde se mire. Se mire con cara de taxista, de conductor de autobús, de castigado propietario de vehículo o incluso de propietario de bicicleta. La movilidad está desordenada el ordenador que la ordene buen ordenador será. A quien corresponda.